Etiquetado de los productos de limpieza

Una de las herramientas de trabajo que manejamos son, obviamente, los productos de limpieza. Por el volumen de trabajo y por las características del mismo, las empresas de este sector utilizamos productos de gama industrial, que están pensados para que los resultados sean óptimos de cara al cliente y sean eficientes de cara a la empresa.

Estos productos tienen base química, por lo que, para su manipulación y uso se deben de observar ciertas normas de seguridad. Es cierto que, utilizados de forma correcta, el riesgo para la salud que puedan generar estos compuestos es mínimo, pero se deben de conocer para reducirlos a cero. Para ello, disponemos de las fichas técnicas y de las fichas de seguridad de cada uno de los productos que manipulamos, en las que, además, quedan recogidas las dosis recomendadas para que el resultado sea el adecuado.

A pesar de lo técnico que pueda parecer todo esto, los componentes del friegasuelos, de los limpiadores de metal o del ambientador que aplicamos en nuestro día a día como empresa de limpieza, no difieren mucho de los que contienen los que cualquier usuario puede utilizar en su hogar.

Si nos fijamos en los envases de los productos de limpieza todos deben de llevar impresos unos símbolos que indican el riesgo que puedan entrañar (insistimos, siempre que se usen de forma incorrecta), y que no todos los usuarios entienden. Por ello, nos parece muy interesante recoger el resumen que realizó recientemente la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) a este respecto (https://www.ocu.org/):

A parte de conocer y entender lo que indican estos símbolos, la mejor prevención es el sentido común y utilizarlos siempre de forma lógica:

    – Seguir siempre las indicaciones de los fabricantes y que vienen impresas en los envases.

    – Nunca ingerir ni oler directamente productos como el amoniaco o la lejía.

    – No dejarlos nunca al alcance de los niños.

    – No almacenarlos durante mucho tiempo ni bajo temperaturas muy altas: es recomendable comprar envases pequeños (sobre todo de los productos con más peligrosidad) para usarlos de una vez, a tenerlos en casa largos periodos de tiempo.